Hamburgo: la ciudad de los puentes

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Hamburgo: La ciudad de los puentes


Interesante

Si en Europa existe una ciudad que merezca ser destacada por encima de cualquier otra por sus puentes, ésta es sin ningún tipo de dudas,

Hamburgo. Asentada sobre tres ríos –Elba, Alster y Billey-, numerosos riachuelos y un laberinto de canales, la vida de Hamburgo transcurre en un ir y venir a través de sus más de 2.400 puentes,-más de los que suman Ámsterdam y Venecia juntos-. La ciudad cuenta también con dos lagos artificiales, el Binnenalster (Alster interno) y Aussenalster (Alster externo), uno de ellos situado en el centro de la urbe, rodeado por grandes avenidas y edificios y el otro, en la zona periférica, junto a bellos jardines.

La historia de la ciudad, íntimamente ligada al comercio marítimo, se remonta al siglo IX, cuando Carlomagno ordenó la construcción de un castillo para controlar la zona norte del río Elba. Desde entonces, la ciudad no ha parado de crecer, convirtiéndose en el primer puerto comercial de Alemania y el segundo en importancia de Europa.

A pesar de su pasado, al visitar Hamburgo, el viajero no debe esperar encontrarse grandes monumentos arquitectónicos, puesto que durante la Segunda Guerra Mundial fue prácticamente arrasada por la aviación aliada. Sin embargo, la ciudad no ha perdido su carácter milenario y el espíritu de ciudad abierta al mar y hoy todavía podemos admirar numerosos puentes -algunos de ellos de gran riqueza arquitectónica-, entre ellos el más antiguo de la ciudad, el puente de Zollenbrücke, que data del siglo XVII.

El puerto de Hamburgo

Acorde con su tradición marítima y comercial, uno de los puntos de interés turístico más destacables de Hamburgo, y donde iniciamos nuestro recorrido es la zona portuaria. El puerto de Hamburgo es un símbolo de prosperidad de la ciudad, lo que convierte el paseo por sus muelles en un auténtico espectáculo: miles de contenedores a la espera de ser embarcados y barcos con destino a cualquier parte del mundo generan un movimiento constante entre canales, puentes y muelles que invita a hacer nuestro propio viaje (entre los meses de marzo y noviembre es posible embarcarse al mediodía y realizar un recorrido por aguas portuarias con información en inglés). Sin abandonar el puerto, podemos acercarnos a su antiguo mercado de pescado, el Fishmarkt, que los domingos por la tarde abre sus puertas al público, con espectaculares subastas incluidas.

Cerca del puerto se levanta una de las mayores curiosidades de Hamburgo: la Speicherstadt o Ciudad Almacén, un enorme y espectacular complejo de almacenes con casi un siglo de historia –empezó a construirse en 1883 y se paralizó en 1914, durante la Primera Guerra Mundial-. Su destino era servir de almacén –de zona franca- de los productos importados que llegaban sin costes de aduana. Construido en estilo neogótico, con los característicos ladrillos rojos, el complejo no se terminó (de todo el alfabeto, los bloques correspondientes a las letras Y y Z no llegaron a levantarse nunca). En la actualidad sus 63.000 m2 albergan tiendas, oficinas y museos y continúan almacenando algunos productos como té, café, cacao, especias, ordenadores, alfombras orientales y tabaco. Por la tarde-noche la excelente iluminación de las construcciones ofrece una visión especialmente interesante.

Centro de la ciudad

Cambiamos de escenario y nos desplazamos al centro histórico de la ciudad, observando que por sus calles circulan pocos coches; la mayoría de los locales se desplazan a pie, en transporte público o en bicicleta, por lo que recomendamos imitarlos. Los hamburgueses respetan a rajatabla las leyes viales, por lo que es extrañísimo encontrar a peatones cruzando la calle en rojo, a pesar de que no haya tráfico.

Tomamos como próximo punto de partida la plaza del Ayuntamiento, alrededor de la cual se hallan las calles comerciales más importantes de la ciudad. El propio Ayuntamiento requiere ya una primera parada: se trata de un impresionante edificio neorrenacentista construido a finales del siglo XIX, cuyo techo verdoso y las figuras de una veintena de ‘káiseres’ –emperadores- que lo custodian llaman poderosamente la atención.

En esta zona céntrica encontraremos los dos lagos, el Binnenalster y el Aussenalster, alrededor de los cuales es agradable pasear, alquilar una barca o bien, simplemente, sentarse en algún restaurante o café de Jungfernstieg, una de las calles comerciales más tradicionales y de mayor renombre de la ciudad. No es de extrañar pues que en el pasado, las familias aprovechaban esta vía para pasear a sus hijas solteras…

No podemos dejar de visitar la iglesia barroca de San Miguel (San Michaelis), el emblema de la ciudad, que cuenta con el reloj de campanario más grande del norte de Alemania. Desde lo alto de su torre, de 132 metros de altura y a la que se llega subiendo 453 escalones, se disfruta de una hermosa vista del puerto y de todo Hamburgo y, si la visita la realizamos al mediodía, disfrutaremos de un delicioso concierto de tres órganos.

Pero la ciudad no acaba aquí. Os proponemos algunos otros lugares de interés turístico como la Kunsthalle, una galería de arte que expone las obras más destacadas de los pintores alemanes del siglo XV, impresionistas franceses y Andy Warhol. También resulta muy interesante el Museo Histórico de Hamburgo, que supone un recorrido histórico, empezando por los piratas Störtebeker y terminando con la visita de los Beatles de los años 60. Y, finalmente, recomendamos el Museo de miniaturas (Miniatur Wunderland), un espectacular espacio que reproduce diferentes países del mundo a escala, con trenes que lo recorren.

Barrio de San Pauli

No podíamos terminar este artículo sin referirnos al Barrio de San Pauli (Sankt Pauli), una de las ‘zonas rojas’ más grandes y famosas de Europa. El barrio, que a lo largo de los siglos ha funcionado como la zona de prostitución de Hamburgo, es un lugar pintoresco en el que además cohabitan estudiantes, inmigrantes y profesionales. Turistas atraídos por la curiosidad y ciudadanos locales y foráneos en busca de sexo se mezclan en la Reeperbahn, una calle conocida mundialmente por sus burdeles y ‘sex shops’. Sin embargo, no todo el mundo tiene acceso a la Reeperbahn; antes de llegar a esta vía, en una de las calles transversales -la Herbertstrasse-, los turistas topan con un cordón de mujeres que impiden el paso a niños y mujeres niños, dejando únicamente vía libre al sexo masculino…

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